Una vez me contaron una historia según la cual el
edificio del Banco de la Nación Argentina en Cafayate, cuya arquitectura es tan
distinta a la local, se construyó así porque cuando mandaron los planos y el
material para su construcción confundieron Calafate con Cafayate y enviaron
hacia el norte lo que correspondía a la localidad patagónica. Desconozco la
veracidad de la historia ni si en la Patagonia se están muriendo de frío con
una construcción colonial, pero siempre me pareció una vinculación mágica entre
dos pueblos tan distintos entre sí.
¿Cómo hacemos para imaginar una relación entre un
pueblo de cientos de años de existencia en estos valles calchaquíes y un centro
turístico del siglo XX construido a orillas de uno de los lagos más ventosos de
la patria? ¿Habrá un libro duplicado en Cafayate, desconocido claro, en cada
sucursal que se va escribiendo a medida que el contable patagónico llena sus
líneas y columnas? ¿Será que existe un destino común entre los fondos que
operan en cada una de las sucursales?, una transferencia entre estas sucursales
¿Será inmediata, salteándose todos los “clearings” interbancarios porque los
ladrillos quieren estar en otro lado? ¿Los empleados serán acaso migrantes
sureños que llegaron a estas latitudes en busca de mejores oportunidades y
concurren a su lugar de trabajo esperando que una fría ráfaga de aire los
transporte a la Patagonia cada vez que atraviesan su acristalada puerta,
desilusionándose cuando el seco calor del valle de los viñedos los trae de
vuelta a su realidad norteña? Simplemente, ¿Cómo será?
Ahora resulta que esta coincidencia, casualidad o
azar tiene otro vínculo inesperado. Y es que según los habitantes de Cafayate,
al menos de una parte importante de ella, existen preguntas existenciales que
han comenzado a asociar este norte con aquel sur.
Aclaro que yo creo que exageran, que la relación
que hacen es forzada y maldita. Basada en suposiciones y no de hechos
comprobados. Pero cuando el río suena, historias trae.
Paso a contarles un acontecimiento que por sencillo
que parezca no es menos paradigmático. Refleja claramente la vinculación y la
confusión entre el causante y el “causador”. Entre el huevo y la gallina.
Resulta que hace varios años ya, en 1963, Doña
Carmen Rosa Ulivarri de Etchart dona, para hacer una pista de aviación, 32
hectáreas a la municipalidad de Cafayate. La misma se hace y se usa durante
muchos años con ese fin y otros diversos, como aprender a manejar los niños
cafayateños, un autódromo de cafeteras y alguna otra reunión pública mientras
subían y bajaban avionetas con muy pocos pasajeros.
Cuando se inaugura el nuevo aeródromo este viejito
queda en desuso, en manos de la municipalidad.
Entre medio, fallece Doña Carmen Rosa y sus hijos
herederos, luego de algunos años muy complicados, como siempre nos toca pasar a
los argentinos, deciden venderle a Pernod Ricard su finca. Hasta ahí todo bien.
Años después, y viendo que la municipalidad no
hacía nada con ese pedazo de tierra, la empresa multinacional decide que era
una lástima desperdiciar este hermoso terreno pegadito a su finca, planita
“como aeropuerto”, con poco monte, se lanza a plantar viñedos y cierra el
camino de entrada.
Yo siempre he dicho que si los funcionarios
consideraran los bienes públicos como la herencia que le van a dejar a sus
hijas, no harían ni la mitad de las macanas que hacen. Bueno, la cosa es que
alguien se dio cuenta y comenzaron las tratativas entre el intendente y la
empresa. Nadie sabe que tratativas, pero la empresa siguió avanzando.
Cuando los vecinos se dan cuenta que el municipio
aduce no tener tierras para construir viviendas y que estas 32 has se
encuentran “ahicito” no más, se comienzan a levantar. Los concejales le piden al
Intendente que intervenga y este sigue negociando de manera rara con Pernod
Ricard, y digo rara porque fue sin los concejales primero y sin ningún
representante de la gente luego. Pasan los años y Pernod avanza desmontando
varias hectáreas más, aparentemente no cuenta con ningún tipo de aprobación
administrativa para hacer esto, lo cual es obvio, porque la tierra no es
propia. Apuntan al hecho consumado, con cierta (de certera) complicidad del
intendente Fernando Almeda.
Desde fines del 2015 la situación con los vecinos
se recalentó, hubieron reclamos frente a la casa del Intendente, frente a la
finca y frente a la municipalidad, también represión policial, a lo que el
municipio responde con más reuniones secretas con la empresa.
Los últimos tres capítulos de la saga nos presentan
a funcionarios públicos:
Un intendente municipal negociando el canje de
estas hectáreas por otras, muchas menos, con tasaciones que no se ajustan ni a
la realidad local, ni al mercado, ni son comparables entre sí por la diferencia
de calidad entre unas y otras,
Una oficina provincial diciendo que las tierras no
serían aptas para ser habitadas, cuando a 100 o 200 mts se encuentra el country
más elegante de Cafayate y
El Fiscal Penal decidió que no existía usurpación
de la tierra por parte de Pernod Ricard (SIC), se nota que no era SU finca o la
de su hijita.
Todo favoreciendo a una empresa específica. De esto
no caben dudas.
¿Cuál es la relación de todo esto con Calafate?
Es que resulta llamativo que otro (ex) funcionario
público, apellidado López, fue encontrado con millones de dólares producto,
aparentemente, de dádivas y/o coimas de empresarios y que la ex presidenta CFK
pidió desde Calafate, que se encuentre a los pagadores de esos dineros, en una
pseudo-defensa que no comparto, tal vez, insisto, tal vez, nos encontremos acá
con una de las soluciones al problema del causante y el “causador”, el del
huevo o la gallina. Digo que en este realismo mágico, tal vez podamos vincular
un pedido patagónico con una respuesta noroestina. Teniéndolos a todos tan
cerquita, tal vez podamos averiguar cómo se empieza la cosa, si se empieza con
el funcionario pidiendo o con el empresario ofreciendo como “solucionar” este
pequeño “problemita”.
Tal vez tengamos entonces la oportunidad vinculando
nuevamente Calafate y Cafayate y resolver el intríngulis que desde los virreyes
a la fecha ha marcado la relación entre el mercado y el estado y, quien te dice,
podemos iniciar la corrección de esta desviación moral que nos mantiene
indefinidamente postergados.

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